Abu Huraira relató que el Profeta dijo: Los derechos de un musulmán sobre otro musulmán son seis: Cuando os encontráis con uno, saludadlo; cuando busca consejo, aconsejadle; cuando estornuda y alaba a Alá (diciendo aljamdu lilá), respondedle (con yarjamukalá); cuando está enfermo, visitadle; y cuando muera, seguid su féretro. Muslim
[En otra narración reportada por Bará ibn Azib en Bujari y Muslim, se establece que ayudar al débil es también una de nuestras obligaciones que debemos tener como musulmanes con nuestros congéneres]
Ibn Omar reportó que una vez el Profeta ascendió al púlpito y proclamó con voz alta: ¡Oh pueblo! Cualquiera que haya aceptado el Islam con su lengua mientras la fe no estaba firme en su corazón, no le dejen oprimir a los creyentes, o que se burle de ellos o conozca sus secretos, porque cualquiera que conozca los secretos de otros, Alá conocerá sus secretos y lo hará desgraciado aunque se encuentre en el lugar más recóndito de su casa. Tirmídi
Historia de la semana
HISTORIA DEL ANGEL DE LA MUERTE, Y LOS CINCO ASUNTOS QUE NADIE CONOCE EXCEPTO ALLAH
Os voy a relatar la Historia que aconteció con un gran Sabio que no sabría concretar si fue Ibn Qayim o Hasan el Basri . Que en una ocasión vio en sueños y reconoció al Ángel de la Muerte, y al verlo le pregunto ¿Cuánto me queda de vida? Y el Ángel de la Muerta, le señalo con su mano , abriéndola y señalándole con sus dedos “CINCO”.
Este Sabio al despertar estaba muy preocupado, empezó a pensar que significaba ese cinco. Si son cinco minutos, cinco horas, cinco meses o cinco años etc… no sabía que significaba ese cinco.
Entonces este Sabio se encamino a otro sabio para preguntarle por el cinco, a ver si podría responderle que quiso decir el Ángel de la Muerte con el Cinco. Y entonces el Sabio reflexionando le dijo que ese cinco, esta reflejado en un versículo del Coran y que esta en la Sura Luqman que os escribo a continuación:
Sura 31
Luqmán
Período de Mecca
(34) En verdad, sólo Allah conoce cuando ha de llegar la Última Hora; y Él [es quien] hace caer la lluvia; y [sólo] Él conoce lo que hay en los úteros de las madres:[1][31] mientras que nadie sabe lo que adquirirá mañana, y nadie sabe en que tierra morirá.
Ciertamente, [sólo] Allah es omnisciente, consciente de todo.
Al recitarle el versículo del Coran, le explico que en este verisiculo del Coran narra que cinco cosas no las sabe nadie, excepto Allah, y que si le preguntastes al Ángel de la Muerte , por los días que te quedan de vida, El ángel de muerte no tiene conocimiento sobre ello, por eso os señalo con el cinco. Cinco son las cosas que solo conoce Allah y os las explico a continuación conforme el versículo anterior de la sura Luquman:
LAS CINCO COSAS QUE SÓLO ALLAH CONOCE.
1º.- Solo Allah conoce cuando ha de llegar la Hora, es decir la Hora del Fin del Mundo.
2º.- Solo Allah conoce donde caerá la Lluvia, muchas veces vemos nubes, pero nadie sabe donde exactamente lloverá, pasan las nubes por una región o país pero llueve en otros lugares. Allah sabe donde exactamente caerá la lluvia, los meteorólogos no tienen esa facultad de saber si caerá la lluvia, detectan las nubes, pero la Lluvia es cosa de Allah.
3º.- Solo Allah conoce los que han en el útero de las madres. Esto se refiere no sólo a la cuestión del sexto del feto, sino también si llegara o no a nacer y si vive cuales son sus dotes naturales y su carácter, axial como qué papel habrá que desempeñar en su vida.
Hoy en DIA los médicos pasados unos meses pueden saber si va a ser chico o chica, pero Allah conoce todo desde la primera concepción y todo lo que le sucederá en su vida.
4º.- Solo Allah sabe lo que cada uno adquirirá mañana, porque el mañana es signo de futuro y sobre el futuro solo lo conoce Allah.
Por ello El profeta sws fue recriminado en una ocasión por Allah , diciéndole que nunca diga que mañana hará cosas, excepto si Allah quiere. Siempre que queramos hacer algo mañana o en el futuro debemos acompañarlo con la palabra IN SHA ALLAH, si Allah quiere y nos lleva a hacer aquello, porque sin su consentimiento no se podrá realizar.
5º.- Solo Allah sabe cuando morirá cada uno de nosotros y en que región. El día de la muerte o el día en que el ser humano abandone este mundo transitorio, ese día solo lo conoce Allah. Ni si quiera el Ángel de la Muerte encargado de esa misión conoce el día. Porque el ángel de la muerte es solo un encargado y siervo que hace lo que Allah le manda.
Es la ciencia que solo Allah conoce. Suya es la Sabiduría Suprema y la Ciencia.
Cuando este sabio le explico el Versículo del Coran y la quinta parte , donde la Sabiduría de cuando llegara muerte y el lugar donde morirá cada uno de nosotros, entendió que el Ángel de la Muerte no pudo responder a tan difícil pregunta porque esa respuesta la conoce el Propio Creador, y solo El conoce cuando llegara el final o la muerte de sus siervos.
Luego este sabio se quedo tranquilo, porque entendió que nadie puede responder a tan difícil pregunta, porque verdaderamente el día en que deba morir nadie lo sabe excepto Allah.
Referente al Dia del Final del Mundo. Existe un hadit que relata que un dia un sahaba(compañero) pregunto al profeta sws ¿Cuándo llegará la Hora? Y el profeta sws contesto: Que has preparado para ese momento ya que tienes tanto preguntas!!. Y le contesto el suhaba: “ no le he preparado nada excepto que amo a Allah y su Profeta”. Entonces el profeta sws contesto: “ bienaventurado seas porque estaras con los que ames”.
Oh Allah haznos lo que cumplan con tus mandamientos y de los perdonan a los que nos ofenden y de los que hacen caso a Allah y su Enviado. Amin.
Consejo de la semana
En el nombre de Allah el clemente el misericordioso, a Él pertenecen los bellos nombres, a Él pertenece el reino y las alabanzas.
Hermano y hermana creyente, sepas que no hay Dios sino Allah, no hay otro sostentador excepto Allah, y no hay otro creador excepto Allah.
Sepas que la vida es un principio, un transcurso y un final, da igual cuanto dure, y sepas que la muerto es el final de una vida y el principio de otra.
Ten consciencia siempre de tu Señor, llevalo en tu corazón. No te preocupes si te miran los demás no te preocupes por lo que susurran entre ellos, preocupate solo que Allah te está mirando, preocupate por complacer a Allah, imploralo siempre en todo lo que haces, imploralo cuando comes y di bismillah (en el nombre de Allah) pues en el nombre de Allah se creó el universo, cuando caminas dí subhanallah (glorificado sea Alla) pues toda la creacion del universo glorifica y alaba a Allah, y ve a lugares que complazcan a Allah y viste lo que complace a Allah e implora a tu señor el que hace descender la paz en el corazón, di la-ilaha il-la Allah (no hay dios sino Allah). Sepas que si pones a pesar La ilaha il-la Allah y el universo en una balanza verás caer la balanza a favor de la ilaha il-la Allah. Camino recto y con recato en la vida, sonrie a la cara de tu hermano, sonríe a tu cercanos, pues Allah bendice esa sonrisa, y sobre todo implora a Allah, imploralo día y noche, de pie, sentado y acostado, recuerda a Allah y Allah te recordará. Sepás que si hablas de Allah en una reunion de personas él hablará de ti ante una corte de ángeles, sepas que si te acercas a Él un palmo, se acercará a ti un codo, y si te acercas a Él un codo se acercará a ti un brazo y si vas hacia Él caminando Él viene hacia ti trotando.
Y si rezas concentrate y reza con tu Corazón, tu mente y tu cuerpo, sepas que el momento del Salat es el momento en el que te diriges a Allah, él momento en el que Hablas con Allah, el momento de limpiar tu corazón.
Hermano, hermana, si caminas sobre la Tierra contempla la creación de Allah, fija tu mirada en el horizonte y di subhana Allah y luego levanta tu mirada al firmamento y di : subhana Allah, mi señor no has creado to esto en vano.
Y recuerda pedir a Allah paz y bendicioes a nuestro profeta Muhammad, nos enseño el camino, es nuestro guía y antorcha que iluminay muestra el camino y di sal-la Allahu wa sal-lam ´ala muhammad (Que la paz y as bendiciones de Allah sean con Muahammad). Cultiva flores y plantas, riegalas y miralas crecer, sabrás que también puedes cultivar Fe en tu corazón, y riega tu Fe implorando y obedeciendo a Allah, y pidele la felicidad a la fuente de la felicidad, Allah. Y vive feliz, sonríe y alaba a Allah, llora y alaba a Allah, educa a tu corazón para que tema a tu señor, educa a tu corazón para que ame a tu señor. Implora a Allah en un luegar puro, sepas que ahi donde imploras a Allah te acompañan testigos de luz, ángeles que te rodearan desde tu lugar hasta los siete cielos. Sepas que tu lengua es fuente de bondad y también de maldad, acogete al silencion y a las palabras de la verdad. Sepas que el musulman debe ser una llave de bien y una cerradura del mal.
Sepas que quien ama a Allah y le obedece camina sobre la tierra como una antorcha iluminando en la oscuridad. Contempla las estrellas, el sol y la luna y di subhana Allah wa alhamdu li-lah wa la ilaha il-la Allah wa Alahu akbar ( Glorificado sea Allah, las alabanzas a Allah y no hay dios sino Allah y Allah es el más grande). E implora a ALlah leyendo la luz, leyendo la guía, recitando el sagrado Corán, implora Allah en tu corazón temiendo y amando a Allah, implora a Allah con tus manos dando a los necesitados o haciendo buenas obras, Allah bendice las manos que trabajan en lo lícito o ayudan a un necesitado y saludan a un hermano, implora a Allah con tu oido escuchando las palabras de Allah, implora a Allah con tus labios y tu lengua hablando de Allah, implora a Allah con tu ojos llorando por amor y temor a Allah, por escuchar las palabras de tu Señor. Y camina recto en tu vida, y suplica a Allah el perdon, la misericordia, la clemencia y la compasión, para ti, tus padres, tu familia y tus hermanos y hermanas en el Islam, los vivos entre ellos y los fallecidos. Y sepas que si estas en la soledad de una montaña y del desierto o te adentras en el mar, e imploras a Allah, sepas que no estás solo, sepas que tienes la mejor compañia. Sepas que Allah te envía sus ángeles y les dice amad a mi siervo pues yo le amo. Y si cometes un error y caes en pecado, cuidado, no te dejes levar por el susurro del demonio, y levantate de nuevo, dirígete a tu señor, señor de los mundos y arrepientete de lo que has hecho dicho o pensado, y di: Glorificado seas mi señor, he sido injusto conmigomismo y he pecado, solo a ti todo misericordioso puedo recurrir, solo a ti puedo pedir peron, solo a ti puedo pedir clemencia y compasión, perdoname Dios mío, mi señor si tu no lo haces ¿Quién lo hará? ¿A quien sino a ti puedo pedir perdon? ¿Quién me perdonará sino tú mi señor?.
Tafsir Surat Al-falaq
Revelada en Meca, 5 versículos
bísmil-lâhi r-rahmâni r-rahîmi Con el Nombre de Allah, el Rahmân, el Rahîm
1. qul a'ûdzu bi-rábbi l-fálaqi Di: Me refugio en el Señor del alba
2. min shárri mâ jálaqa contra el mal de lo que ha creado,
3. wa min shárri gâsiqin idzâ wáqaba contra el mal de la oscuridad cuando se desliza,
4. wa min shárri n-naffâzâti fî l-'úqadi contra el mal de las que soplan en los nudos,
5. wa min shárri hâsidin idzâ hásad* contra el mal del envidioso cuando envidia.
Esta sûra y la que la sigue, quedando con ellas finalizado el Corán, son una orientación que Allah ofrece a su Profeta (Nabí) -y con él a todos los mûminîn- para que busquen cobijo bajo la protección de la Única Verdad y Fuente de todas las cosas y acontecimientos y se resguarden a su sombra contra lo que les atemorice, ya sea la causa del miedo algo invisible o visible, desconocido o conocido. La sûra hace referencia a esto de modo general, y también detalla algunos aspectos.
Es como si, acabando el Corán, Allah abriera a los suyos el espacio seguro de su protección y desplegara su poder para reducir a la nada cuanto angustia y confunde al ser humano. Las sombras que les espantan son ilusión al lado de Allah, y junto a Él se disipan en la inconsistencia nebulosa de lo irreal. Allah convoca a los hombres y los orienta hacia Sí, hacia donde no hay miedo porque ahí está la luz creadora. Los fantasmas, materiales o inmateriales, que sobrecogen a los hombres, se desvanecen ante la representación de la existencia que el Islam ofrece a los musulmanes. El mundo que sugestiona con la fuerza de su apariencia se convierte en espacio de seguridad y paz para los que se vuelven hacia Allah, Señor de los Mundos.
Es muy difícil desembarazarse de los fantasmas y los ídolos. Ésa es una empresa que debe proponerse el musulmán: eliminar lo que obstaculiza el crecimiento del ser humano como criatura soberana y le impide asomarse al océano de la eternidad. Sellando el Corán, Allah ordena a los mûminîn, a los que se han abierto a Él, que le recuerden cada vez que algo les espante o siembre la discordia en sus corazones para que el temor quede anulado en la claridad del Uno-Único que todo lo rige y es el Rahmân-Rahîm, el Posibilitador y el Expansionador, Aquél en el que han depositado su confianza los que se han abierto al Secreto que subyace bajo las cosas, pues saben que Allah propicia lo bueno y lo conduce a su plenitud.
Los miedos, las sospechas, las ilusiones,... son los mayores distorsionadores de la Verdad. Falsean nuestro mundo, falsean nuestra espiritualidad, falsean la significación del Corán. Son mentiras que nos obligan a más mentiras con las que buscamos librarnos de la inseguridad en la que existimos, engañándonos a nosotros mismos. El Corán nos invita a tomar conciencia de este hecho, pues sólo alejando esos males la vida se convierte en vergel y el Corán es fuente de verdadera inspiración.
Las dos sûras o capítulos, ésta y la que sigue, empiezan con una orden que Allah dirige a su Profeta, y a todos los musulmanes para que le imiten: "Di: Me refugio en el Señor del alba..."; "Di: Me refugio en el Señor de las gentes...". Con estas dos sûras el musulmán exorciza sus miedos. Articula palabras que le recuerdan que el único Poderoso, que la única Verdad, es Allah. Y ante la inmensidad a la que los asoma este recuerdo lo demás se vuelve irrelevante e incapaz.
'Uqba ibn 'Âmir contó que el Mensajero de Allah (s.a.s.), cuando le fueron reveladas estas dos sûras, dijo: "Me han sido mostradas dos sûras que no tienen par: 'Di: Me refugio en el Señor del alba' y 'Di: Me refugio en el Señor de las gentes'...".
Y según Yâbir, en cierta ocasión en que Muhammad (s.a.s.) le ordenó recitar algo de Corán, le dijo: "¿Qué he de recitar?", y Rasûlullâh (s.a.s.) le pidió que recitara "Di: Me refugio en el Señor del alba" y "Di: Me refugio en el Señor de las gentes". Cuando Yâbir hubo concluido la recitación, el Profeta (s.a.s.) le aconsejó: "Recítalas con frecuencia, pues no hay nada que se les asemeje".
El musulmán acude a estos dos talismanes (al-mu'awwidzatáin) para afianzarse en su 'Aqîda, en su visión unitaria de la existencia. Cuando una amenaza -real o fantástica- enturbia su paz, recurre al Recuerdo y hace presentes los significados de las enseñanzas del Islam. Para el mûmin, el que ha abierto su corazón a lo infinito, las acechanzas que imagina el común de la gente se evaporan ante la nitidez de unas palabras con las que rememora la grandeza de la Verdad en la que existe, y entonces la pequeñez de las circunstancias que lo atemorizan quedan relegadas a la insignificancia.
El Corán menciona en esta sûra la cualidad de Allah que al ser recordada por el mûmin le confiere seguridad ante los miedos que asaltan al común de los hombres y los confunden alzando ídolos y quimeras ante él. Esa cualidad es la Rubûbía, el Señorío. Es Allah el que impera en todas las cosas y en todos los acontecimientos, Él es el que rige cada instante, el que lo configura y le da hechura. El que ha creado al ser humano, el que le provee de cuanto necesita, el que le da firmeza y lo guía, el que está presente en todo momento, estructurando cada segundo, y es la misma Verdad que fundamenta la existencia entera, y gobierna también aquello cuya apariencia sobrecogedora aterroriza al hombre: qul a'ûdzu bi-rábbi l-fálaq, di: Me refugio en el Señor del alba..., es decir, en el que ilumina lo tenebroso.
El alba (fálaq) es el despuntar del sol, el momento en que se inicia la luz. Es sinónimo, por tanto, de la creación entera. Allah es el Señor (Rabb) de todo lo que emerge, de todo lo que pasa a ser. El Corán dice en otra parte: "Allah es el que hace amanecer a la semilla y saca lo vivo de lo muerto, y saca lo muerto de lo vivo", y también dice: "Allah es el que hace despuntar el alba, el que ha hecho de la noche un tiempo para el reposo, y al sol y a la luna les ha dado un movimiento calculado".
El Corán ordena a Muhammad (s.a.s.) -y con él a todos los musulmanes- decir (qâla-yaqûl) que buscan refugio ('âdza-ya'ûdz, refugiarse, cobijarse, protegerse) en el Recuerdo del Señor de la Creación y de la Luz, en el Uno-Fuente de la que beben todas las cosas, el Iniciador de cuanto existe, el Rector de lo creado, el que saca la vida de la oscuridad y el miedo, el Destino al que las realidades vuelven constantemente.
En esa Rubûbía absoluta, en ese Poder Determinante, la existencia es igualada, queda al mismo nivel, y lo que antes era enemigo y amenaza se hace amable o queda diluido en la exuberancia de la Verdad integradora y cuya Voluntad es el bien y la perfección. Allah es lo poderoso, lo presente con su fuerza en aquello cuya intensidad desconcierta al ser humano. Esa contundencia de Allah invita a los que se han abierto a Él a encontrarlo en lugar de hundirse en el terror, y lo que descubren es la Majestad.
Recordar al Señor de la Luz da paz frente a lo oscuro y ambiguo, confiere claridad a lo que el hombre teme porque escape a su entendimiento o a su control. La inseguridad del ser humano ante lo inabarcable y lo misterioso de la existencia es atenuada por la evocación de la raíz común que lo conjuga todo. La importancia del daño que pueda hacerle el mundo se desvanece cuanto lo ve todo integrado en una única Voluntad que trasciende la necesidad de controlar que siente el hombre. El musulmán se abandona a su Señor y recoge lo que viene de Él, y con ello todo 'mal' queda exorcizado.
El Corán ordena a los musulmanes cobijarse en Allah, Señor de la Luz, min shárri mâ jálaq, contra el mal de lo que ha creado. Allah ha creado (jálaqa-yájluq, crear) las cosas, todo lo que existe, todo lo que el hombre percibe con sus sentidos o imagina. El mal (sharr) de la creación es la capacidad que tiene lo creado de sugestionar al hombre. La creación, al presentarse ante el hombre con la fuerza de lo Real lo confunde y le hace creer que es algo aislado con poder autónomo. El ser humano empieza entonces a temer esa influencia imaginaria que su propia inseguridad ha conferido a las cosas creadas. Pero todo está sujeto a Allah, es Allah lo único verdaderamente eficaz. Él es el centro y el eje de la Rubûbía. Cuando el musulmán vuelve su atención hacia Allah, desidolatriza la existencia, y la creación y su poder quedan disueltos en la Voluntad Una.
Estamos en el mundo, insertos en él, sometidos a su influencia, y no podemos obviar lo que nos rodea, lo mismo que no podemos siempre evitar ser causantes de daño para los demás. Esto es lo que percibimos, y no debemos negarlo. Su negación no es más que retórica.
Buscar cobijo en Allah es detenernos un instante para sumergirnos en la Unidad que todo lo crea y cobrar energías y certezas en esa Fuente. Sabemos y sentimos que las criaturas, en su contacto unas con otras, se dañan, lo mismo que se benefician. Con el recurso a esta sûra nos asentamos en el deseo de eliminar lo malo y perjudicial para que sólo quede lo bueno y lo beneficioso, a la vez que degustamos los sentidos interiores de la existencia.
El que ha creado las cosas y está presente con su Poder Determinante en ellas, es capaz de orientarlas y hacerlas favorables a quien expresa el deseo contenido en las palabras de esta sûra. Es así como las expresiones coránicas que hemos analizado cobran una doble significación: un sentido espiritual y unas connotaciones prácticas e inmediatas.
Tras la generalización contenida en los dos primeros versículos, el Corán desarrolla algunos aspectos de los temores habituales entre las gentes. Uno de ellos es el siguiente. Allah ordena a los musulmanes refugiarse en el recuerdo de Allah wa min shárri gâsiqin idzâ wáqab, contra el mal de la oscuridad cuando se desliza. La noche y la oscuridad (gâsiq) son manantial de terrores.
El término gâsiq está muy matizado en árabe: es sinónimo de luna oscura, tinieblas, frío glacial,... sugiere, por tanto, una oscuridad gélida, cargada de amenazas, en la que acecha algo ambiguo y terrible. Eso tenebroso se desliza (wáqaba-yáqib, deslizarse como el sol cuando se pone) hasta el corazón. Se trata de un verbo que también está lleno de connotaciones: entrar en una gruta, eclipsarse, hundirse un astro en su órbita, extenderse silenciosamente. La oscuridad anula los sentidos del hombre: no puede controlar lo que le rodea y ello es causa de terror y ansiedad. Contra ese mal, contra ese miedo paralizante, el musulmán busca cobijo junto a su Creador, del que sabe que está presente con su Poder en todo lo que le rodea. Al recordar a Allah, la luz aparece en el corazón del mûmin, y el fantasma tenebroso se disipa en la nada de su oscuridad.
La noche está cargada de presentimientos: fieras reales o imaginarias, peligros verdaderos o ilusorios, pensamientos fundados o infundados, todos con capacidad para erizar el corazón y detener los pasos del hombre. Por su parte, el Islam enseña que se ha de ser resuelto y activo, y afrontar los peligros y las acechanzas, y seguir adelante. Esta sûra talismánica es para disolver esos miedos y estimular al ser humano.
El ser humano es muy impresionable, y la sugestión hace mella en él. Las supersticiones y la magia son medios que se han utilizado para dominar el ánimo de las personas. El Corán ordena a los musulmanes buscar refugio en Allah wa min shárri n-naffâzâti fî l-'úqad, contra el mal de las que soplan en los nudos. Las que soplan (naffâzât, plural de naffâza, sopladora) en los nudos ('úqad, plural de 'uqda, nudo) son las brujas.
Hacer un nudo expresa en árabe la idea de tomar una decisión. Las brujas hacían nudos y soplaban en ellos, deshaciéndolos, mientras pensaban en alguien, y con ello pretendían quebrar la fuerza del individuo que tenían en mente y debilitarlo o someterlo a su voluntad. La efectividad de estos hechizos sólo Allah la sabe, y en cualquier caso es Él el que en todo momento protagoniza los acontecimientos. Volverse hacia Él es desear que nada de esto afecte de un modo u otro el ánimo del que recuerda a su Señor y se confía a Él.
Siempre se trata de lo mismo. Lo que atemoriza al ser humano es lo que desconoce, lo que no puede controlar. El supuesto poder de su enemigo, sea éste real o ficticio, le produce dudas que debe vencer. Retrotraerse es algo que el Islam censura constantemente y ofrece al musulmán fórmulas que le permitan sobreponerse.
Por último, el Corán ordena a los musulmanes buscar protección en Allah wa min shárri hâsidin idzâ hásad, contra el mal del envidioso cuando envidia. La envidia (hásad) es la reacción del egoísmo frente a un bien que Allah hace a otra persona. Cuando el envidioso (hâsid) envidia (hásada-yáhsid, envidiar) algo terrible se agita en su interior. Bien se reprima o bien actúe movido por el rencor contra el beneficiario del favor de Allah, el envidioso es siempre causante de males.
La creencia en el mal de ojo estaba muy extendida en tiempos del Profeta (s.a.s.) y subyace en este versículo. Incluso hay relatos que cuentan que en cierta ocasión Muhammad (s.a.s.) fue víctima de un hechizo de estas características y del que lo sacó la recitación de las dos sûras talismánicas. Sin embargo, Sayyid Qutb pone en duda la autenticidad de esas narraciones.
Que las emociones interiores tienen expresión misteriosa en el mundo que nos rodea es algo aceptado en el Islam. Todo está conjugado en una unidad que trasciende los formalismos y se ramifica por el mundo del espíritu afectando a todas las cosas. Las causas y los efectos no siempre están al alcance del entendimiento y la percepción, y esto es fuente de miedos e inseguridades que el Corán amansa recordando al musulmán que en cualquier caso en Allah está el refugio.
Así concluye la primera de las dos sûras talismánicas con las que el Corán queda clausurado. En este capítulo se orienta al musulmán para que recuerde a su verdadero Señor -y Señor de todas las cosas y de todas las criaturas- cada vez que presienta una amenaza extraña.
Por ello, Rasûlullâh (s.a.s.) aconsejaba a todo musulmán la recitación de esta sûra -junto al capítulo anterior y el siguiente- cada vez que se prepara para dormir y sumergirse en el mundo de los sueños y de las pesadillas. Según 'Âisha, cuando Rasûlullâh (s.a.s.) se metía en el lecho, juntaba las manos, soplaba en ellas y repetía las sûras "Di: Él es Allah Uno", "Di: Me refugio en el Señor del alba" y "Di: Me refugio en el Señor de las gentes", y después se frotaba las partes del cuerpo que podía, empezando por la cabeza, y repetía la misma operación tres veces.
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