Una musulmana deja el empleo por amenazas racistas a su jefe
Una árabe residente en Flandes abandona su empleo para proteger a su jefe de las amenazas de un grupo racista que le exigía que la echara
FERNANDO GARCÍA - 04/03/2005 Corresponsal BRUSELAS
Naima, durante la audiencia que le concedió en enero el rey Alberto II
.- El odio ganó un nuevo pulso a la tolerancia, esta vez en la cada día más intolerante región belga de Flandes. Naima Amzil, musulmana de 31 años originaria de Marruecos, abandonó anteayer su empleo en una prestigiosa empresa de alimentación, en la población de Ledegem, al no poder soportar la presión que un grupo xenófobo venía ejerciendo desde noviembre contra su jefe, el tozudo y admirable flamenco Rik Vannieuwenhuyse. El grupo en cuestión, autodenominado Nieuw Vrij Vlannderen (Nuevo Flandes Libre), había enviado al empresario siete cartas con amenazas de muerte, primero para exigirle que obligara a Naima a quitarse el velo y, después, para que la despidiera.
Los escritos empezaron a llegar en noviembre y se sucedieron hasta el miércoles pasado, día en que la mujer anunció que ya no podía aguantar. Vannieuwenhuyse no había cedido en ningún momento a las demandas de los racistas. Ello le convirtió en un símbolo nacional de resistencia frente a la xenofobia; un sentimiento que, de la mano del partido ultra Vlaams Belang (Interés Flamenco), día a día va sumando apoyos y votos en esta rica región de la franja norte de Bélgica.
Pero Naima, que ya meses atrás y pese a las protestas de su jefe optó por quitarse el velo en el trabajo, dijo anteayer que no podría resistir que al final los racistas cumplieran sus amenazas contra el bueno de Vannieuwenhuyse. "Él siempre me ha apoyado, pero yo cada vez tengo más miedo por él y su familia; sobre todo después de las dos últimas cartas. No puedo más", dijo.
Los escritos resultaron desde un principio lo bastante creíbles como para que la policía ofreciera protección a la empresa alimentaria, dedicada a la fabricación de canapés y llamada Remmery. En diciembre, los desconocidos emboscados tras la firma con las siglas de ese oscuro NVV avisaron al empresario de que habían puesto precio a su cabeza: 250.000 euros, para el caso de que insistiera en mantener a Naima en su puesto de trabajo. "Eres un mal flamenco. Colaboras con los musulmanes. Has firmado tu sentencia de muerte. Queremos que sirvas de ejemplo a otras empresas", le dijeron además.
Vannieuwenhuyse siguió en sus trece. "Si la echo ahora, no volverá a encontrar trabajo nunca. Nadie querrá contratarla, puesto que también temerá recibir amenazas", adujo con lógica. "Naima tiene una familia, una hipoteca que se debe pagar. Simplemente, no puedo despedirla. No la entregaré", prometió.
La reacción del patrón no conmovió sólo a Naima, sino a buena parte de la sociedad belga. El rey de los belgas, Alberto II, organizó una recepción a los dos protagonistas de la historia, el 12 de enero, para sumarse a las muestras de solidaridad. La organización empresarial Unizo recogió 26.000 firmas de apoyo. Casi todos los partidos belgas mostraron ayer su indignación por lo ocurrido, y el primer ministro Guy Verhofstadt se declaró "conmocionado". En suma, expresiones de simpatía no han faltado. Pero el odio ha podido más. Con todo,Vannieuwenhuyse asegura que la marcha de Naima "será sólo temporal".